De vuelta a mi adolescencia. Volumen III

Aquí llega mi tanda nostálgica. Es cierto que bucear en nuestros gustos musicales cuando éramos jóvenas es algo que a nadie le gusta hacer, a no ser que tengamos un criterio decente a esa edad, algo que pasa pocas veces si hemos nacido en 1987.

Admitámoslo, siempre hay un par de discos de alguna etapa olvidada que guardamos bajo llave con cierto recelo. Eso sí, cuando por casualidad volvemos a escucharlos afloran todos nuestros recuerdos. Los CDs teen pueden ser o no mierda total, pero adquieren valor de enorme lagrimilla cuando, inevitablemente, los unimos a épocas doradas. También es cierto que no suelen ir más allá de la nostalgia, con este recordatorio me he dado cuenta del paso (fugaz, muy fugaz) del tiempo y su efecto decadente sobre las canciones. Por muy imperecederas que parezcan, suenan con algo de óxido. De todas formas, son temas que nos han hecho crecer y Elena ha pensado en hacerles ese huequito revival que se merecen en nuestro blog. Y ahora me toca a mí ponerme como una abuela cuenta-batallitas. Allá voy:

 

La oreja de Van Gogh – El viaje de Copperpot

 Me da una grima enorme tener que admitirlo, pero sí, este disco (y el anterior) me lo sabía de memoria. Fue un regalo por mi cumple de los… ¿13 años? Mi gusto musical en la infancia estuvo bastante vinculado a la radio fórmula, aunque preferiría haber reseñado otros grupos como Aqua o Spice Girls, de los que también fui muy fan. Carai, me molaban mucho estos moñas, pero es que todavía era una niña gordita con ganas de ser cantante. Una ilusión con la que me obcequé después de haber bailado y cantado If you wanna be my lover una y otra vez…

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MQM Dance

 Por suerte, no queda rastro físico de mi peor etapa (los 13-14). Pasaba los días sintonizando una radio bacala que ya ni existirá, MQM Dance, me encantaba. Llamé en directo en alguna que otra ocasión para pedir temas: Safri Duo, Mauro Picotto o una de esas mil cantaditas de aquella época. Muy chungo. Tenía tres, cuatro cintas grabadas con temitas de esta emisora e incluso conversaciones que mantenía con el locutor de turno. Al final los bailé más en mi habitación que en las discotecas, que comencé a aborrecer cuando llegué a la edad mínima.

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Blink182 – Dude Ranch

 Recuerdo que este disco es de los primeros que pillé en Madrid Rock, durante la típica escapada a la ciudad de un grupete de chavales de extrarradio.  Cuántas veces habré mirando y requetemirando el libreto, que incluía todas las letras formando una espiral cuadrada. Lo único que no me gustó es que todavía no tocara Travis Barker, con sus tatuajes hasta el cuello, del que estaba enamorada. En una banda sonora de repaso a supuesta rebeldía a los 15 años (la única rebeldía en realidad era ser el bicho raro de mi grupo de amigas pachangueras), estas canciones veloces y felices serían protagonistas.

 

VVAA – Fat music for fat people

 Vale, no tenía el CD, pero sí un casete que me grabaron mis primos. Y lo cierto es al final acabó machacado de tanto escucharlo y aún con ese sonido distorsionado de cinta rota, seguía enchufándola a diario. Gracias a este recopilatorio de música de gordos para gordos descubrí un porrón de bandas de punk playa, sólo con los primeros acordes ya me quedaba prendada: NOFX, Lagwagon, Propagandhi, No Use For a Name…

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NOFX – So Long and Thanks for All the Shoes

 Este disco se lo quité al hermano mayor de un colega (era pirata, fue un robo que apenas notó) y desde que lo puse por primera vez me volví adicta. Habrá discos mejores y peores de NOFX, pero éste tenía el mejor comienzo del mundo. Y desde que empieza, no hay respiro. Mi adolescencia fue un poco monotónica, las canciones cuanto más aceleradas más me chiflaban. Me sabía todas sin entender ni un poco…  Recuerdo a mi hermano diciéndome “¡punkita de palo!”, pero me daba igual. Para mí, esa era LA MÚSICA y punto.

 

Incubus – Make Yourself

 Mi hermana Paloma y yo teníamos colgado un póster de Brandon Boyd detrás de la puerta de nuestra habitación. Jejejeje. Ojo, que no solo por eso nos gustaba. Por mi casa rondaron muchos discos de Incubus, pero es éste el que más veces pedía prestado para llevar en el discman. Creo que era el único grupo de “numetal” que salvaba, y eso que por aquel entonces algunas canciones de Limp Bizkit, Deftones o System of a Down se habían convertido en grandes himnos de juventud.

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Fat Boy Slim – Big Beach Boutique II

 En mi casa, los discos de cada uno pasaban a ser discos de todos irremediablemente y eso es lo que ocurrió con una copia de este directo fiestero que ponía mi hermano muchos viernes antes de salir por ahí. No pude resistirme y en uno de mis asaltos a su torre de discos lo encontré y se lo pasé a un compi de clase. De ahí salieron un puñado de copias más, que sonaron y sonaron por aquí y allá. Normal, porque esta sesión playera de Fatboy Slim era un triunfo que, de hecho, todavía sigue animando muchas de nuestras fiestas tricantinas.  Aquí descubrimos temazos como Superstyling de Groove Armada o la mítica Lazy remezclada, o esa It Just Won’t Do que podías pasar cantando días y días…

 

Radiohead – Ok Computer

 Con el llorón de Thom Yorke me ocurrió algo extraño: al principio no aguantaba ni dos canciones seguidas. Luego me enganché a unas cuantas y al poco tiempo acabé inmersa en una profunda etapa fanática, que tuvo como centro del huracán un concierto épico en Las Ventas en el que flipé en colores y que fue mi preferido durante años. Su música era para mí un mundo aparte, lleno de congoja y emoción. Ok Computer fue el primer disco que compré. Jo, lo trataba como un tesoro: todas las canciones me parecían preciosas, cada detalle era perfecto y original, incluso esa voz aguda y angustiada me llegaba al fondo del alma. Ojo, que seguí mi etapa de enamoramiento con Kid A y Amnesiac. Lo bueno es que creo que no fui la única afectada por este brote fanático: no llegué a tatuarme su gepeto en el pecho.

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Franz Ferdinand – Franz Ferdinand

 Bueno, aquí otra mitiquez indie que caló a muchos en el 2004 y posteriores. Recuerdo haber coreado con la mano alzada cada tema de este disco que ponían en cualquier lado, todos eran hitazos. Y me acuerdo también de haber bailado como una posesa en sus conciertos, especialmente en el primer FIB al que fui, pero ahí ya habían sacado el segundo y yo ya estaba en la universidad, aun así… ¡Fue divertidérrimo! Salté, celebré y vitoreé a tope. Mi favorita: The Dark of the Matinée.

 

Los Planetas – Pop

 Hubo cierto furor por las camisetas con el logo que lleva consigo este CD de Los Planetas. Estaban en Popland, de todos los colores. Yo no la tenía pero sí me compré el disco y me aprendí todas las canciones. De este y de todos. Eso sí, tuve que esperar un poquito más para verlos en directo, pero bueno, luego fui a muchos. La última vez el año pasado, puro revival.

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